sábado, 13 de mayo de 2006

Sesión de patinaje

Esta tarde antes de que diluviara salí a dar un paseo de lobo estepario, y me encontré por casualidad con la Emperatriz Penca (aunque la casualidad no exista, pero es una frase hecha). Iba patinando hacia abajo por la pared vertical de un edificio de espejos. (Era un edificio ya bastante bonito de por sí, y el reflejo de las nubes de cemento sobre la pared acristalada creaba un efecto fantástico). La Emperatriz no tardó ni una centésima de segundo en precipitarse hacia abajo dejando una estela de incomprensión a su paso y rayando un poco los cristales del edificio con sus patines de cuatro ruedas.

-¡Hola, Santa María! - me saludó. Al principió pareció extrañada de encontrarme, como si hubiera visto un doble de sí misma o algo parecido. O quizás es que no le gustaba que yo la hubiera pillado patinando a cien por hora por la pared del edificio aquel, en medio de la jungla de asfalto. Fue como cuando la vi sobrevolando la Torre Picasso mientras hacía un videoclip con los cuervos londinenses -. ¿Qué tal va todo? ¿Cómo están tus perros?

- Bien - le respondí -. Aunque la primavera no les sienta demasiado bien. Les ha dado fuerte la alergia este año con tantas gramíneas asesinas flotando por estos aires.

- ¡Pobrecillos! Yo me solidarizo con ellos. Yo estoy con el hocico dolorido, de tanto sonarme -. Entonces me ofreció unas galletas Mini María que estaba comiendo, para reponer glucosa -. ¿Quieres?

- Gracias, Emperatriz - contesté -, pero sería un poco como un acto de canibalismo atroz comerme esas marías. Ni siquiera después de ver El silencio de los corderos me sentiría capaz...

- ¡Qué va! ¿Por qué verte privada de ese delicioso placer antropófago? También yo como a veces acelgas con pencas, y no me siento mal en absoluto. Es como si un calvo no comiera atún. ¡Qué tontería!

En seguida nos vimos inmersas en una inacabable conversación sobre manías alimenticias, fiemadas varias, y nombres de comidas que eran nombres de persona a la vez. Incluso se nos llegaron a ocurrir unas cuantas greguerías. Me habló también como siempre de sus castillos aéreos, de su personalidad bulbosa y de sus ánforas de sueños que estaban vacías. (Imprescindible en cualquier conversación con la penca).

Al final la Emperatriz me dijo que tenía que volver a casa para seguir leyendo La Celestina. Decía que se le acumulaba el trabajo y que los exámenes estaban ya cada vez más cerca. Y me pidió por favor que escribiera yo un post por ella, porque ni siquiera encontraba tiempo para actualizar su blog. (Y eso es lo que estoy haciendo ahora).

- ¿Por qué no actualizas tú por mí? Tengo que acabar sin falta La Celestina antes de mañana. Yo sé que es asumir una responsabilidad muy grande, sobre todo ahora que mi índice de lectura se ha disparado, pero te agradecería infnitamente si escribieras algo por mí. Eres mi alter ego, seguro que haces algo bastante decente, aunque nuestros estilos no sean exactamente iguales.

Al final accedí y le prometí actualizar su blog. No sé quién me mandaba a mí encontrarme con ella esta tarde. Ahora está lloviendo, el aire huele a tierra mojada. Y seguro que Celestina no se ha muerto todavía.

Sta. María del Perro, compiladora, alter ego, observadora del mundo, incomprenida y perdedora de tiempo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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