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miércoles, 26 de diciembre de 2012

La indiferencia de las estrellas


Nada valha o amor de uma alma, e, se temos por sentimento  que o dar, tanto vale dá-lo ao pequeno aspecto do meu tinteiro como à grande indiferença das estrelas...
Fernando Pessoa

Es duro y difícil acostumbrarse a la falta. Peor es pensar que nos "hacemos" a todo: a que nuestras amigas estén muy lejos, a que nuestros padres estén lejos, a los que están lejos y no van a volver. Recordamos los gestos cada vez más difusos, como si los hubiésemos visto solo en una película. Peor es pensar que llega un punto en que ya la ausencia sólo nos dolerá como un pellizquito.... Aunque es cierto, es bueno, al final, acostumbrarse; así nos ha diseñado la naturaleza.

El camino es lento. Paradógicamente, la ausencia lo llena todo: llena todo lo que antes era presencia, como si   eso que echamos de menos (esa persona humana o ese animal humano, porque las personas pueden ser inhumanas, pero los animales no), fuese un enorme cuerpo líquido que hubiese llenado todos los rincones de mi ser. -Esto es lo que pasa: nadie me saluda al llegar; sólo hay un silencio pesado y los medicamentos de tercera edad perruna que siguen en el armario, muertos de risa, o muertos de pena-.  Aunque el dolor por la pérdida llegue a ser sólo un pellizco, no se puede borrar, porque no se irá hasta que nosotros hayamos muertos con nuestras memorias.

Soy de esos seres despreciables denostados en la canción de misa de cole Dónde está la juventud. Por mil cosas. Pero he llegado a un punto en que me da igual parecer una persona inhumana. No suelo querer a quien no conozco,  e incluso no quiero a quien conozco y debería querer.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El otro día Manceba me mandó una carta que había escrito Fiona Apple a sus fans. En ella pedía disculpas por cancelar una gira y explicaba que lo hacía para estar junto a su perrita en sus últimos momentos. Leerla me hizo llorar como una magdalena, pero me tranquilizó saber que no estoy tan chotada...¿O sí?

...Es una tontería y no es que piense en ella todos los minutos del día...Pero sí es verdad que miro fotos y la recuerdo y se me pone una corbata en la garganta. Lo bueno, o lo malo, es que sí existe en mis sueños; en ellos está igual y todo es igual: duerme a mis pies, y mueve el rabo, y me despierta con la patita para que la saque a pasear.  Lo malo es despertarse y que desaparezca, como un esfumino.

Lo horrible de las muertes es que es verdad que no tiene solución. La ansiedad o los problemas se pueden acabar, pero una muerte no se pasa, no rebobinas ni cortas  ni te vas ni nada. Sólo puede ir yéndose el dolor por la perdida y algunos días pienso que no se va a ir nunca, o que tardará mucho en irse...

sábado, 24 de septiembre de 2011

De Rodríguez



Hoy estoy de rodríguez en Madrid.

Es un sábado raro: sin remolonear en la cama, ni besos ni desayundo continental, y sin planes de tarde.

En su lugar, he preparado un couscous, he hecho la compra y he bajado a la frutería (me ha cundido muchísimo más el tiempo, claro). Desgraciadamente, se habían acabado las uvas moscatel. Eso quiere decir que ya es más otoño que verano: las frutas dulces se acaban y se impone el reino de lo agrio (con la excepción de la chirimoya). Sólo he comprado melocotones y kiwihops.

Después he ido al parque y he estado leyendo a ratos; a ratos sólo estando.

La mañana tenía una auténtica sensación de posibilidad, como a veces la tienen las mañanas soleadas cuando aún no se te ha echado el día encima.

Y sin embargo, te echo tanto de menos que conto as horas pra poder te ver...

lunes, 28 de marzo de 2011

El lunes está agazapado esperando

"Life is what happens while you're busy making other plans".
John Lennon.


En un intento por intentar conocerme y clasificarme (si es que nuestra complejidad, la de las personas humanas, nos lo permite), podríamos decir que siempre he sido del tipo pasivo-melancólico. A mí me gusta contemplar.

El buen tiempo a veces me llena de nostalgia. Es algo extraño. Hace una semana noté que había llegado la primavera. Nos despertamos temprano, abrazadas, y las dos notamos que por las persianas se filtraba una luz diferente, más directa, más dorada, como de verano. (Tú estabas más bonita que nunca con esa luz). Creo que justamente era 21 de marzo.

Tal vez es que el buen tiempo está siempre asociado en mi archivo de recuerdos a momentos agradables: a tardes largas de sol, a viajes, a paseos por un parque, al parque de los pitis de verano. El buen tiempo me trae a veces una añoranza como de tienda que ha cerrado o de ciudad dormida en una siesta de verano.

Todo eso me lleva a pensar que quizás pienso demasiado. Muchas veces he hablado de ello con Haizea, en nuestras conversaciones de balcón sin balcón. A las dos nos ocurre algo parecido y es que encontramos un cierto equilibrio gracias a pequeñas metas, a pequeñas vallas que vamos colocando en nuestro curriculum vitae o carrera de la vida. Eso, a veces, nos impide ver la vida que tenemos delante, la vida que, como decía John Lennon, es eso que ocurre mientras hacemos otros planes.

A veces olvidamos eso del carpe diem. Yo, personalmente, lo encuentro un tanto difícil. Es como la imposibilidad de disfrutar plenamente de una tarde de domingo: el lunes está agazapado esperando.

martes, 30 de noviembre de 2010

Hiems hiemis

Qué razón tiene Eloísa cuando dice eso de que invierno e infierno sólo se diferencian en un rasgo fonológico cuando van en pares mínimos. Fuera de la fonología, apenas sí se distinguen.

Hace unos días tuve ganas de rezar, pero no tengo dios. Me entró una congoja terrible, como otras muchas veces me ha pasado. Nunca sabemos lo mucho que queremos a algunas personas hasta que sabemos que su vida ha corrido peligro. Ahora, afortunadamente, lo malo ha pasado.

Yo pienso en lo triste que es el invierno, y el otoño, la lluvia, el frío, las hojas de los árboles cayendo, las sábanas frías... Lo único bueno es que hay mandarinas, que saben mejor las naranjas, que hay castañas y buñuelos de viento, poder ponerme los guantes de homo sapiens, o darnos la mano por dentro del guante, saber que estás conmigo y podemos recordar juntas el otoño de ser prenovias.

Como en la greguería de don Ramón Gómez de la Serna, cuando las sábanas están frías, se sueña en trineo...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Saldremos airosos de la vida?

"Yo lloro debajo de mi nombre..."
Alejandra Pizarnik.


La pieza de puzzle extraviada. The survival of the fittest. El querer poder hacer. El creer que no se puede. La falta de aptitud para ser parte de todo esto. Y la falta de actitud. El miedo. La indolencia. La autoestima epidérmica.

Mantenerme a mí, a la otra mí amordazada, maniatada, muda. Igual que el hombre mantiene subyudada a la naturaleza. Hacer como que la otra no existe. Pero existe. A veces se desata. Se revela y se rebela.

Querer cambiar de pensamientos como cambiar de pantalones. Querer pensar en cosas amables, revestirme con un pensamiento de amor, de amistad, de inocencia, de cielo azul. Sólo que, a veces, no se puede.

¿Saldremos airosos de la vida?

viernes, 28 de mayo de 2010

Papilla estelar

Esta mañana tengo algo de tristineza, un poco de nostalgia extraña, muy chiquitita, como un garbanzo un poco atascado en la garganta. La verdad, no tengo muy claro que sea nostalgia de la dulce; me sabe más bien a nostalgia un poco amarga.

Debe de ser por eso de que se me ha pasado el tiempo muy rápido y ya es casi junio. Me da pena que esto se acabe. Me da pena que sea verano y no estar contigo. Me da pena pensar en mis padres solos y me da pena pensar en mis amigas que tienen pena y en la amiga que se va muy lejos, a hacer realidad uno de sus sueños. No lo puedo evitar. Se me hace más grande el garbanzo de la garganta.

El comienzo del verano siempre me hace sentir una mezcla abigarrada de emociones. Hay un poco de todo, pero es imposible sacarlas todas y ver qué son. Digamos que es como un puré de emociones o una papilla de emociones. El verano es la vuelta a casa, es algo que normalmente deseo, pero es como abrir un álbum de fotos de hace diez años o como oler algo que te evoca muchas cosas, como una colonia, o a cuando se hace el cocido (puchero, en andaluz), a Sugus, a lluvia de verano (que huele distinta a las otras lluvias) o a champú Johnson's baby... Es volver a ser muy pequeña, más pequeña todavía de lo que soy.

Mientras, los días van pasando; yo, como siempre, en mi pompa de jabón.

Y la alergia va pasando. Y el examen de francés. Y Fortunata y Jacinta. Y las clases de lengua. Y los polisíndeton. Y las clases de conducir, Brónxtoles para arriba y Brónxtoles para abajo. Ya pronto seré una conductora experta. Hasta haré la peseta a los taxistas, o haré que lanzo mocos/perdigones por el espejo retrovisor... Y cuando conduza bien bien bien, pondré a Marta Sánchez en el coche y sacaré la conductora petarda que hay en mí.

sábado, 2 de enero de 2010

Ejercer de María Fontaneda

Yo creo que a veces es bueno llorar torrencialmente, así con llanto de presa que se rompe o de barco de pesca en alta mar. Es como cuando hay tormentas de verano y luego sale el sol más limpio.

Ayer, cuando pescaba en alta mar, pensé que me gustaría ser como una galleta María para poder partirme en tres y dejar una parte en Vandalia, otra en Londres y otra en Madrid*.

Luego me tapé hasta arriba, y cerré los ojos, y pensé en los besos mágicos, y Chispa se encargó de echar a los minimonstruos que se acercaban de puntillas a mi cama...


*(Naturalmente, el trocito de Madrid tendría derecho a baños de café o Colacao, por lo menos).

lunes, 14 de diciembre de 2009

Carámbano de plata a la más descastada

Hoy hace un frío que pela.

Hoy es un día anodino, prescindible.

Hoy pienso que puedo ser una nevera a la vuelta de vacaciones: fría y casi vacía. Pienso que sólo puedo querer con cuentagotas y que mi cupo de personas a las que querer está lleno porque mi congerazón es pequeño y yo soy perezosa.

Hoy sé que mañana me quejaré, por no poner de mi parte.

Hoy es una gran anáfora.

Mañana será otro día.

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Acabo de ver que Haizea tiene una medicina homeopática que se llama Anas barbarie y me ha hecho gracia el nombre. Este dato debería ir en El deseo de la palabra, pero al final se me mezcla todo, es inevitable. Por cierto, que según he leído, no me vendría mal para mi resfriado, que hoy ha ido a peor.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El último helado y el perro sin nombre

Ayer fue el último helado y el fin del verano, ahora definitivamente. En el paseo marítimo un poco desierto, porque la tarde estaba desapacible.

Esta mañana han venido de la perrera a recoger al perrito que teníamos hospedado en casa. Lo encontramos perdido el viernes y ha pasado el fin de semana con nosotros, a pesar de las reticencias de Chispa. A mí se me han escapado dos lagrimones cuando lo he visto marcharse en la furgoneta del centro zoosanitario.

Mi padre me ha dado muy orgulloso un tarro de miel de caña de Nuestra Señora del Carmen, para ponérsela a las berenjenas, además de las provisiones de croquetas y pollo en salsa. Yo me voy con un poco de pena, pero también con ganas. Es la ezquinofrenia que tenemos los de provincias en Madrid.

jueves, 6 de agosto de 2009

Lágrimas de cocodrilo

'I wish I hadn't cried so much!' said Alice, as she swam about, trying to find her way out. 'I shall be punished for it now, I suppose, by being drowned in my own tears! That WILL be a queer thing, to be sure! However, everything is queer to-day'.

Lewis Carroll, Alice's Adventures in Wonderland.


Llorar se puede llorar de muchas formas. Llorar puede ser un ligero sollozo o puede ser como desbordarse un pantano, ese llanto inconsolable que siempre va acompañado de muchos mocos y que parece no acabarse nunca.

Hay quien llora como los cocodrilos o como las magdalenas. Dicen las fuentes que los muñecos de nieve lloran carámbanos. Es poético decir que las nubes lloran. Los muy golosos querríamos llorar agua dulce.

Se puede llorar de pena, o de rabia, de dolor, de miedo o de impotencia. Yo a veces lloro viendo series un poco pasadas, o cuando me entero de que la gente abandona a sus animales en verano. Se puede llorar del único pimiento del padrón que pica. O llorar de cebolla. E incluso Haizea ha llegado a llorar de ajo.

También soy muy dada a llorar de empatía, a veces no lo puedo evitar. Pero nunca he sabido llorar emoción, porque a mí más que llorar se me pone un nudo en la garganta o me empieza a temblar el cuerpo. Sí he llorado de risa, muchas veces, y esas son mis lágrimas favoritas.

Se puede llorar de tristineza, o llorar no se sabe muy bien por qué. A mí me gusta imaginarme que acabo sumergida en mi piscina de lágrimas en la que yo voy nadando a la deriva, dispuesta a toparme con las más maravillosas criaturas jamás imaginadas...

Ah. Y los camellos también lloran.

domingo, 12 de julio de 2009

Oyendo de fondo los Nocturnos de Chopin...

...Estar aquí en casa a veces me pone malencónica, me pone tristona.

Estar aquí me hace pensar en las personas que quiero. A mí me pasa que no me gustan las personas. Recelo de las personas, de entrada, recelo porque sí, hasta que me demuestren lo contrario. Tal vez por eso quiero a muy pocas personas, pero cuando quiero quiero inmensamente.

Por eso a veces me da miedo querer demasiado, necesitar demasiado, sentir demasiado.

Aquí en mi ciudad del sur me parece siempre que el tiempo pasa sumamente despacio y que por eso precisamente notas más ese paso del tiempo. A veces me dan ganas de querer volver a ser pequeña. Vuelvo a tener insomnio, al que siguen pesadillas, pesadillas con cucarachas o pesadillas con animales con cuernos que me intentan embestir. El tener mucho tiempo me hace reflexionar demasiado. Eso se junta con el ser mujer y el descojono hormonal de la hostia que ello implica y el resultado ese: la malenconía, la leve tristeza, la llorera rápida que luego se pasa, afortunadamente, y ya sólo es un poco de aburrimiento.

martes, 14 de abril de 2009

Así sea

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.

Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.

Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.

Blanca Varela.
Así sea.


Ya casi es otro año más, otro que se acumula.
El tiempo pasa muy rápido, para bien o para mal, y por eso, entre otras cosas, hoy me ha venido al pelo el poema de la recién fallecida Blanca Valera. Lo encontré hace semanas leyendo un blog y me gustó mucho, así que hoy he decidido rescatarlo y volverlo a saborear...

jueves, 4 de diciembre de 2008

Luna congelada

Con esta soledad
alevosa
tranquila
con esta soledad
de sagradas goteras
de lejanos aullidos
de monstruos de silencio
de recuerdos al firme
de luna congelada
de noche para otros
de ojos bien abiertos

con esta soledad
inservible
vacía

se puede algunas veces
entender
el amor.

Mario Benedetti.


...Yo creo que en el fondo también quiero que me quieran. Siempre lo he querido, porque además tengo la mala suerte de no saber vivir para mí, vivo para las personas, por las personas, las personas que importan.


Hoy hace mucho frío y necesito que me quieran a lo bestia, con un amor perfecto como un pretérito indefinido, perfecto como un círculo. Un amor de los que hacen cosquillas y parecen que te van a estallar un poco en el pecho, por ser tan desmesuradamente grandes. Hoy querría que me pegasen besos en el cuello, a modo de sellos, sentir cerca la otra piel, suave como pétalos; compartir la soledad con alguien, que la soledad fuese menos pesada, más llevadera siendo repartida entre dos...

martes, 9 de septiembre de 2008

Burbúnker

Mentira, he cambiado muy poco. Sigo siendo miga de pan, miga de pan dura del día anterior.

Qué manera de engañarme. Aunque tal vez creyéndome que soy fuerte y que no me deshago como las migas, pueda ser más fuerte realmente. Muchas veces somos lo que nos creemos que somos, y así nos va mejor.

Yo desearía poder tener un burbuja aparte para meterme en ella en momentos puntuales, cuando no quiero trato con el mundo exterior. Mejor que burbuja, un receptáculo, un cubo de metal blindado a prueba de bombas y narices fisgonas, en plan búnker total...Para poder defenderme de la suciedad, del sonido atronador de narices sonándose, de narices con pelos negros que sobresalen demasiado, de la pestilencia, de la vulgaridad reinante, de las cucarachas con antenas parabólicas.

En mi burbúnker me abstraería de todo ello. Mi burbúnker sería un lánguido sueño de soledad y belleza, de delicadeza extrema, como si lo soñara la princesa de La princesa y el guisante. Sería un soñoliento delirio de labios muy rojos, rojos y entreabiertos como amapolas, de pétalos de rosa, de señoritas de novela de Jane Austen tocando una pieza musical excelsa al piano con sus largos dedos blancos.

La paranoia me persigue, la paranoia y el miedo, y los sueños que no son bonitos, los sueños poblados garrapatas, de dientes danzantes, de hormigas o algo peor, como el Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar.

Y lo peor es que, con mis sentidos sinestesiados, no logro saber dónde acaba lo real y empieza la paranoia.

jueves, 6 de marzo de 2008

Qué raro

Qué raro…

Qué raro es todo eso…Estar adí medio taada n martes cualquiera…Tampoco mucho, no lo suficiente como para que se me cnfundan las teclas en el teclado (un poco si, pero no demasiado, aun controlo lo que digo y escribo)…un martes entre semana. Pero es lo que tiene beberse dos cervezas en aynas, como quien dice (o habiendo comido hace horas, para se más precisas)…No doy pie con bola. Que raro todo esto…Las paranoias que una tiene. Que manera de rayare u a por todo…Con lo bien que se está así…Pero así sólo se está borracha o fumada, como el otro día…Que vi un documenal de fisia cuantica y me estaba gustado en realidad, pero solo me empece a entarar cuando se estaba acabando…menudo fumadon.

Pues si, asi bien…si siempre fuera asi…con la cmente en una nube, como si una no fuera una, como estar flotando…Ojala siempre fuera sasi. Dificil para vivir en sociedad y para hacer tu vida cotidian, pero sería casi maravilloso…

Casi … Porque Se bebe para olvidar una cosa, y se olvida todo menos esa cosa… Como diría Gloria Fuertes.

jueves, 31 de enero de 2008

Sin título

Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados.

Así dice el refrán. Yo parece que nací estrellada, o si no, como mínimo gafada. Últimamente todo ha sido una carrera de obstáculos. Yo quiero intentar ver el lado bueno de las cosas. Todo lo bueno que tengo: el sol, la luz, la risa, el jamón serrano, la gente que me quiere, la belleza que hay en el mundo (que la hay, seguro, y yo tengo la maravillosa capacidad de verla donde much@s no la ven). Que estoy viva y sin ningún mal que me aqueje, quitando la gingi y los males inventados, porque yo cada vez me asemejo más al enfermo imaginario de Moliére.

Hay algunos momentos en que me encantaría ser otra persona radicalmente distinta, y más que distinta, opuesta, opuesta a mí mesma. Me gustaría ser todo lo que no soy. Me gustaría ser decidida y valiente, me gustaría ser una persona fuerte, una persona atrayente. Pero yo seré de es@s que mueren sin haber hecho nada grande. Yo dejaré atrás una existencia anodina, una existencia sin nada relevante. Pero es lo propio de las personalidades anodidas, personalidades como la mía, débiles y sin garra. Yo soy de las que viven de rodillas, por no morir de pie. Yo me moriré y todo lo que he sido se perderá en el olvido. Yo no voy a dejar nada en el mundo que haga que mi presencia perdure más allá de mi funeral, de una u otra forma. (Por eso siempre he admirado a los artistas, y a todas esas personas brillantes que dejan algo tras de sí, una obra de arte, o una obra humana espléndida, o alguna otra contribuación a la historia de la humanidad).

Ya pronto cumplo años otra vez, y vuelvo a darme cuenta de que no he hecho nada, absolutamente nada últimamente. Nada aparte de emborracharme y hacer el gilipollas. Me da la impresión a veces de estar desperdiciendo estos maravillosos años, esta flor de juventud, viviendo encerrada en mis paranoias, en vez estar haciendo cosas buenas, provechosas, hermosas. (Todos mis planes, tarde o temprano, se quedan en la nada. Pero no será por falta de planes).

Cómo me gustaría zafarme de todos mis miedos, esos miedos irracionales, esas fobias absurdas. El miedo a la soledad, el miedo al paso del tiempo, el miedo a los hospitales, el miedo a que se me caigan los dientes, el miedo a que se desborden los canales, el miedo al miedo, el miedo a las repeticiones, el miedo a quedarme sola. Y sola me quedaré, a este paso. Qué remedio. Yo a veces cuando visualizo mi vida dentro veinte o veinticinco años, me imagino así, sola, sola, sola. Como mucho, con algún perro o gato como animal de compañía, y con multitud de libros desparramados por una habitación desordenada y que se cae a cachos (todo eso, por supuesto, si llego a la cincuentena). No veo cómo alguien va a querer aguantarme, y más con lo cascarrabias que me habré vuelto con los años.

Ahora que ya llevo una temporadita en la universidad, me acuerdo de mi primer año de carrera con algo de nostalgia. Me acuerdo de la primavera maravillosa, de esa euforia y esa alegría constantes. De todas las cosas que me pasaron que no me habían pasado nunca. De cuando me ponía a cantar y a bailar en el autobús, o de las tardes de chocarramiento al sol en el parque. Siempre necesito momentos así, momentos de euforia para olvidarme de todo, para evadirme de mi propria esencia, para pensar que he cambiado y de que puedo estar así, alegre y despreocupada, y eso sí, feliz, feliz por una temporada larga. Los tiempos van y vienen. Rachas buenas, rachas malas, rachas críticas. Qué se le va a hacer.


Cualquiera que me leo de vez en cuando y no me conozca en persona debe de pensar que soy una amargada, que se me va para todos lados, o que tengo algún tipo de trastorno bipolar. Pero hoy sin más me tenía ganas de descargarme con este post. Ésa es a mi juicio una de las muchas finalidades de los blogs. A veces me contengo porque sé que me puede leer cualquiera, y que hay mcuha gente que tiene mi dirección...Pero hoy me apetecía. Me apetecía escribir uno de esos post incoherentes y llenos de ideas sueltas. Me he quedado algo mejor.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Otro año que se acaba

Ya se aproxima el final del año, y yo me noto algo cambiada...

Yo ya sé que esto no son más que chorradas, porque mañana será que igual que hoy, aunque sea ya el 2008. El que el año acabe el 31 de diciembre no significa nada, es nuestra manera de dividir el tiempo, una convención como cualquier otra. Pero supongo que tiene su simbolismo, porque casi todas las fechas son simbólicas. Si no, no celebraríamos nocheviejas ni nada de nada. Y en momentos así, cuando se acaba el año, parece inevitable hacer balance de las cosas, como en la canción de Mecano.

Jaizi dice que me nota bastante cambiada de hace dos años para acá, que hablo distinto, que parezco más resuelta, más desenvuelta. Y Manceba dice que estoy distinta de cuando me conoció, que visto menos pena, que parezco más seria, y más chunga ;)

Yo sí que me noto cambiada en algunos aspectos...No sé exactamente en qué. Desde luego, ya no soy LaPenca de hace dos años. Supongo que las vivencias que una va teniendo le van dejando huella. Y también las personas que se van conociendo, aunque muchas entren y salgan, y muy pocas se queden. Y los libros que una lee, como Altazor, y los viajes que una hace, los momentos, los llantos y las carcajadas, y el tempus irremediabile fugit.

Ahora creo soy algo más culta que al final del 2006 (aunque eso nunca me sirve para nada, está visto), y un poco más desenvuelta, un poco más astuta (y eso sí me sirve). He aprendido que en esta vida se aprende a base de ostias, y que la vida conlleva el sufrimiento. Supongo que también eso me ha hecho perder los restos esa inocencia que tenía cuando empecé la carrera. Ahora soy bastante menos penca.

Por otra parte, Alice ya no es para mí lo que fue en su día. Queda, eso sí, un cariño inmenso y una grandísima amistad, pero nada más. Ni rastro de lo que pude sentir por ella. Incluso físicamente me resulta indiferente.

Lo de los propósitos de año nuevo está más visto que el tebeo, pero yo siempre suelo proponerme cosas a principio de año, aunque sea para tener más metas, y para empezar el año con buen pie. Me propongo ahora intentar ver las cosas desde otra óptica, intentar dejar a un lado ese lado pesimista en el que parece estar envuelta mi vida cotidiana...Esa actitud no conduce a nada. Hay que intentar ver lo bueno de las cosas, porque no hay mal que por bien no venga, y de todo se puede sacar algo provechoso. Hay que intentar cambiar. Igual es verdad que se puede cambiar en algunas cosas, aunque lo sustancial de cada un@ permanezca igual. Hay que intentar aprovechar el momento, y no atormentarse por lo que pueda venir.

El año se acaba, con mi casa llena de gente...Mis filotíos y mi prima, recién llegados de Madrid, y la amiga holandesa de mi tía, y otra amiga de ésta (holandesas simpáticas, ojo). Más la familia de mi padre al completo que viene para cenar a casa. Un vasca, en suma.

A seguir la búsqueda. Y esperemos que los hados sean benignos después de las uvas...

sábado, 17 de noviembre de 2007

Erasmus en Amsterdam

Holanda no es un país para irse de Erasmus...O al menos, esta vida que yo llevo aquí no es la vida de Erasmus que todo el mundo se imagina. Para eso estaba Madrid, en mi caso al menos. Allí si me daba por salir un martes de pedo, salía un martes de pedo. Aquí, nada de eso. Aquí paso mucho tiempo en casa, leyendo a Carmen Martín Gaite o viendo pelis incomprendidas que me saco de la biblioteca (la Central Bibliotheek, que se ha convertido en mi gran santuario desde que la descubrí).

Aquí no pasa más de una semana sin que me ponga a llorar por cualquier chorrada (cada día una distinta, claro, así soy). Y hay días incluso en que me voy a dormir sin haber soltado una carcaja sonora de esas mías. Yo ya sabía que el tiempo en Amsterdam era una mierda, pero no me imaginaba que eso me podía afectar tanto al ánimo. Pero el hecho es que cuando todos los días son grises y húmedos, y apenas sale el sol, es como que se te quitan las ganas de todo.

No me esperaba yo que el idioma me fuese a limitar tanto, pero sí (y no me refiero al inglés, sino a la bella lengua neerlandesa). Y tampoco me imaginaba que los holandeses iban a ser tan sosos, y tan cerrados.

Yo no sé si será por Amsterdam o por qué, pero me noto envejecida de repente. Soy como un mastín viejo y desganado. Yo también me veo muy lejos de LaPenca del año pasado. Hasta me he comprado un abrigo marrón, y con eso lo digo todo...

Encima no se puede estar a gusto ni en casa. Pero es que de mis tres compañeros de piso, dos son unos jetas y unos gorrones (el Chavalín, y el Ente verde), y el tercero, el Mangarrán, pues es simplemente indescriptible. No sólo es jeta y gorrón, que también, sino que encima es un guarro, está chotado, habla solo, es hiperactivo perdido, se taja a diario prácticamente, y se quiere pimplar mi vodka de 17 eurazos. El otro día lo tuve que mandar a la cama porque se tumbó en nuestro cuarto, borracho como una cuba, haciendo la resistencia pasiva y repitiendo la misma frase todo el rato (no sé qué de scrambbled eggs. Una frase muy rara, quizás sería alguna canción, o alguna ida de olla suya). Que qué difícil es la convivencia, y que cómo echo de menos el bollopiso de Madrid.

Total...Que en esas estamos. Bregando con los compis de piso, y en un barrio dejado de la mano de dios, donde sólo hay garzas y patos haciendo ruido...

jueves, 16 de agosto de 2007

Reflexiones de par de agosto

Yo creo, efectivamente, que la mayor parte de la población conoce sólo el 50% de LaPenca...Es decir, no conocen a la inner Penca, a la Penca topo que no sale nunca a la luz. La inner Penca permanece siempre en penumbra mientras la otra, la risueña y la dicharachera, se tira eructos hacia adentro y hacia afuera, haciendo alarde de tan infrecuente habilidad física. Y si no se conoce a la inner Penca es probablemente porque ella no se deja conocer. Inconscientemente, pero no se deja, la muy terca...

...El problema es que a mí me cuesta lo indecible contar las cosas, hablar de cómo me siento. A veces me tienen que sacar las cosas con sacacorchos (y si no, que le pregunten a Haizea, y las tardes de terapia en casa, por poner sólo un exiemplo). Yo sólo hablo de ciertas cosas con la gente muy cercana a mí, o con los absolutos desconocidos, the intimate strangers. Y por eso la inner Penca sigue siendo una misterio, un signo de interrogación para casi tod@s los que no son lo uno ni lo otro.

Esta última ha sido una buena semana. Una semana sin nada especial, pero hacía bastante tiempo que no sentía tanta calma interior, tanto sosiego. He pasado mucho tiempo sola, pero me bastaba mi propia compañía. Por primera vez en meses he estado en paz y a gusto conmigo mesma. He conseguido disfrutar de la calma del momento, y he conseguido no pensar en nada ni en nadie salvo en mi propria persona. Lo qual podría parescer fácil, mas no lo es en modo alguno...Porque yo tiendo a pensar más en los demás que en mí, es uno de mis fallos... Y porque aunque no me guste reconocerlo, dependo mucho de la gente que quiero, y no me gusta saber que estoy yo sola al final.

Muchas veces se me olvida lo que decía la buena de Meryl Streep, se me olvida que yo soy el pilar de mi vida...Y por eso estos días me he sentido bien, porque he tenido plena conciencia de que mi vida es mía, y de que tengo que aprender a decidir por mí misma, y decidir a mi antojo. Me reconfortan los días como éste...Días de absoluta calma en los que no hay ninguna batalla librándose en mi interior. Probablemente es que he estado demasiado pendiente del azul del mar, demasiado pendiente de la novela de Paul Auster como para pensar en nada, salvo en LaPenca. Y eso me ha ayudado, claro, a aclarar la maraña mental que tengo montada ahí arriba, a no darle demasiada importancia a las cosas, a que no me obsesione el tiempo. Una sensación parecida tuve hace un par de años, también en época de ch-ch-ch-ch-changes. Los cambios que yo ansío mientras miro el horizonte, y el horizonte me lleva a las golondrinas de Huidobro, y de ahí a otras muchas cosas.

No sé...Muchas veces no entiendo ni yo mesma lo que digo. Todo lo que me rodea es una gran incomprensión, son ovillos con lanas sueltas, piezas sin juntar, cabos sin atar. Pero es que nunca he aspirado a comprenderme. Me parece a mí que soy lo suficientemente complicada como para no conseguir comprenderme nunca. Aunque a simple vista pueda parecer una criatura simple o una lerda integral, en su defecto.