martes, 28 de octubre de 2008

Un mundo feliz

La lluvia, además de incómoda, es sumamente triste. La lluvia, y los días cortos, el frío, ver como todo va cayendo - las hojas, la luvia, el pelo, los dientes. Con lo bien que se está en verano, estando una morena, luciendo palmito, con un sol que raja las piedras.

Hoy comentábamos en mi clase de tradición clásica como las personas no podemos llegar a ser completamente felices. Salió todo a colación a raíz de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, (y éste salió por Homero, y éste por Ernesto Sábato, y éste ya no sé). Pero decía mi profesora que lo que nos diferencia de los animales, aparte del pulgar oponible y de la capacidad de raciocinio (cuestionable en muchos humanos, pero bueno) es que tenemos conciencia de nosotros mismos. Tenemos conciencia de que somos yogures, con fecha de caducidad, de que somos perecederos. No somos como los animales, que no tienen conciencia de su propia existencia, que viven en un perpetuo presente. En el mundo de Aldous Huxley eso no pasaba, porque las personas eran lo más parecido a los animales en ese sentido, porque era un mundo automatizado, deshumanizado, porque en cualquier caso todo se arreglaba con unos gramos de soma...

...Claro que yo no sé si querría ser feliz a ese precio, el precio de la falta de libertad, de libertad para decidir lo que se hace de mi propia vida. Y de todas formas, yo creo, como Clarissa Vaughn en Las horas, que la felicidad es un estado intermitente, son momentos, se está feliz, no se es feliz (y viva el se impersonal de nuestra lengua).

La falta de luz yo creo que agudiza la paranoia. A mí me la agudiza un tanto, me hace no distinguir lo que es real y lo que no, me hace ver la realidad un tanto distorsionada, en plan Ally McBeal, me hace imaginarme cosas feas a veces, aunque luego se me pase en seguida.

Y en cualquier caso está la comida, solaz para el espíritu. La comida y la bebida es para mi gusto de lo mejor que hay en esta vida. Qué ganas de tomarme ahora una fondue de queso, o unos hojaldres de Guarromán, o cualquier comida sustanciosa e hipercalórica.

12 comentarios:

SUNSHINE dijo...

Yo me apunto a lo de ahogar (o sepultar, más bien) las penas en comida. Te he dicho ya que a mí también me encanta la fondue de queso? Si sabes de algún sitio donde degustarla, es el momento de una cita extra-universitaria jaja

Has leído Blade Runner? Me dio mucha pena ver que pueden controlar y cambiar a su antojo sus estados de ánimo y aún así deciden estar tristes a veces. A mí no me disgusta la tristeza (bueno, tampoco es tristeza, es una sensación más leve) de los días de lluvia, siempre estoy más pensativa, más sensible, más en mi mundo. Los días de lluvia ayudan a encontrarse más con uno mismo.

Un besito =)

La tejedora de sueños dijo...

María, qué envidia no asistir a las clases de Rosarillo. Te juro que qué envidia. Esa mujer es lo máximo. Y tu post espectacular. Cuando esté más lúcida (y yo a causa de las excesivas radiaciones solares) te comentó como en condiciones. ¡Besos!

La tejedora de sueños dijo...

Fe de errata: te comento en condiciones

Venerupis dijo...

Ningún ser humano será feliz:

añorará lo que fue y se torturará pensando en lo que será.

Carpe diem.

Rosalie dijo...

Pues a mí me gusta la lluvia, aunque sea incómoda. Eso sí, a veces tengo la impresión de vivir en un mundo demasiado ficticio para ser real (aparte de que no me gusta ponerme morena :P).

Me encantan las clases que empiezan sobre una cosa y acaban en otra totalmente distinta, como esa novela maravillosa que es Un mundo feliz, donde los únicos que manifiestan sentimientos son los "salvajes", qué paradójico...

La felicidad, para mí, es como una onza de chocolate derritiéndose lentamente (hhhmmmmm). Si fuera continua, ¡no tendría gracia! -además, después no nos acordaríamos con tan buen recuerdo de esos momentos. saludos ;)

carmen dijo...

la comida, el sexo, todo lo instintivo porque nos hace sentirnos vivos, no? a mí la tristeza me llega cada poco y luego se va. aprendo mucho cada vez, creo...

Ripley dijo...

Cierto, la felicidad es intermitente y la ausencia de ella en ciertos periodos nos hace valorarla más cuando la tenemos. A mi también me sienta muy mal la falta de luz, el frio y la lluvia, no lo soporto, debe ser por haber nacido en verano.El invierno puede conmigo. un besito guapa

Mara dijo...

Ay Rosario q pechá de lista es! Me ha encantado tu post (como siempre) En estos días tan feos mjor suicidarse, como decía Teruel jajaja!

Me acuerdo de una cita que leí en un libro de Bécquer cuando era pequeña:

"Compañera, yo estoy hecho
a sufrir penas crueles;
pero no a sufrir la dicha,
que, apenas llega, se vuelve."

Montse dijo...

Como siempre es un placer asomarse y leer tus letras, (pfff me siento identificada contigo , creí que era algo rara al imaginarme situaciones ;-D).
Un beso y feliz Otoño, en presente.

rizoma dijo...

Cuando leí "Un mundo feliz" me marcó mucho Lenina, tan es así que es de los pocos personajes que recuerdo bien después de leer muchas historias más.

Creo que lo más sano para el mundo es que todos tomaramos una actitud Ally ante la vida, nos haría bien.

La tejedora de sueños dijo...

Quería decir, anteriormente, (se nota la falta de lucidez) que qué envidia porque yo no podía asistir a sus clases... Se comprende. ¡Saludos y escríbeme!

estrella fugaz dijo...

A mí el sol, o su ausencia, también me afectan mucho, sobre todo el año que viví casi sin verlo...
Por lo de la felicidad, yo creo que es algo intrínseco a algunas personas, hay gente que nunca es feliz, que parece que siempre está esperando algo que no tiene, y en cambio otra que parece que lo es siempre, aunque a temporadas tenga más preocupaciones o problemas no le falta una gota de optimismo. Así que estándolo a ratos sí y a ratos no ya es suficiente para no vivir la vida triste de los que nunca han sido ni serán felices.
Por cierto, parece que se nos cruzan los mensajes, llamadas, mails y comentarios, ¿cuándo nos vemos un día?
(Y entre los placeres no se te olvide añadir el carnal)