martes, 14 de marzo de 2006

Ánforas vacías

A mis amigas Mara y Mónica, que también construyen utopías positivas sin querer, y en general, a todos los que a veces modelan ánforas vacías.

- Emperatriz, no quiero que te quedes con la superficial idea de que ser iluso es simplemente tener una ilusión - Me dijo ayer Santa María del Perro, profundamente consternada por mi abrupto altibajo, y alzando un poco la voz por encima del diálogo onomatopéyico de las urracas -. Eres una ilusa porque tu ilusión carece de fundamento. Eres ilusa porque tus pocos años te dan la temeridad y la soberbia necesarias para creer que tu plan saldrá adelante simplemente porque así lo deseas, y porque eres negada para interpretar las señales no verbales que se te envían, porque cambias los sustantivos de sitio, porque tu imaginación viaja más rápido que tu raciocinio.
En ese momento un mirlo lleno de tinta fresca sobrevoló nuestras cabezas, visiblemente molesto por el elevado tono de voz de Santa María, que no le dejaba dormir. Soltó una pluma negra que iba explícitamente dirigida a mí.

- La verdad es que no te entiendo muy bien, Santa María. Te agradacería que me hablases mejor en metáforas. A pesar de ser una buena entendedora, hay cosas que escapan a mi percepción.

El pino, bastante interesado en nuestra conversación, dejó a un lado las agujas con las que estaba tejiendo su jersey de la esperanza y nos escuchó con atención.

- Quiero decir que gastas todo tu tiempo de ocio modelando ánforas de sueños que son muy consistentes por fuera pero que están huequísimas por dentro -. Prosiguió Santa María, una vez que los seres inanimados del parque se callaron un poco -. Luego te afanas en rellenarlas de las más variopintas ilusiones que vas recolectando por ahí como si fuesen uno más de tus fetiches. Tú sola te montas tu película sin la asistencia de ningún medio audiovisual. (Excepto de tu MP3, ya convertido en una prolongación de tu cuerpo, que hace las veces de banda sonora original, con el single de Kiss Me como canción principal cuando trepas hasta la soleada cumbre de tu jornada, y el piano frenético de Erik Satie tensando las cuerdas de tus nervios cuando te lanzas en picado a los agujeros negros sin fondo).

Con la función poética logré comprender mejor sus palabras. (Pensé también en la canción de Freddy Mercury. Faltaba en el repertorio musical).

- Ya, claro, te refieres a esos castillos aéreos que luego quedan semiderruidos. Nunca entiendo por qué se derrumban. Pongo una dedicación absoluta en ir construyéndolos poco a poco y luego por culpa de cualquier terremoto algo se tambalea y todo queda reducido a ruinas, y entre las ruinas crece la hierba.

- Es ciertamente una arquitectura efímera, como tan bien lo definiría la propia Alaska. Es tu romanticismo que se alborota agigantado por todo ese tiempo libre que te deja margen para darle mil vueltas a las cosas y perfeccionar la película. ¡Ay, estos pájaros de Hitchcock me tienen más que harta!

La urraca graznó ruidosamente, molesta al sentirse aludida, y nos mandó un rayo cegador con la franja de color azul eléctrico de sus alas. ¿Cómo esos colores tan hermosos pueden estar presentas en la misma naturaleza así porque sí?

Santa María del Perro continuó su discurso con una paciencia infinita hasta que logró acallar las protestas de los pájaros. (O quizás es que se hizo ya de noche y los pájaros se fueron a la cama sin más). Después de darme todos sus consejos en formato de parábola, me sentí mucho mejor. (Un céfiro se erigió de las sombras y con sus brutal resoplido nos echó del parque. El ventarrón siguió por dentro, revolviéndome un poco las entrañas, pero era ya mucho más suave). Y es que por algo digo siempre que ella es mucho más que mi editora y mi compiladora. Es mi alter ego, es casi una hermana siamesa, un alma gemela vagando por la megalópolis sin poder meterse en mi cuerpo.

Pero a pesar de todos los disgustos que me da, creo que no voy a renunciar a mi carrera de abeja constructora de sueños. (De sueños se vive, al fin y al cabo, ¿no? Te hacen tropezar muchas veces, pero también te mantienen viva.

1 comentario:

Lautreamont dijo...

Como dijera Antonio Machado, "De toda la memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños."
Antonio Machado

Saludos,
David